¡Que viene el aburrimiento!

Se movían inquietos entre situaciones tan terrenales como toser y roncar, con pesadas mantas se cubrían para en apenas instantes, tirarlas a un lado. en ninguno de los dos existía ni una mirada que evocara pasión, ella con disimulo entreabría los párpados y como quien no quiere, clavaba en él una mirada enturbiada por la fuerza de cerrar los ojos simulando que dormía.  Parecía que sin darse cuenta jugaban en sus mentes a ver cuál de los dos se dormía primero, como esos juegos de niños que son a veces tontos. Al fin entre ayes y suspiros sucumbieron a un letargo tan pesado que en cualquier momento les haría caer en una vigilia de la que sus cuerpos al día siguiente, darían cuenta tertuliando ante dos tazas de café.

 

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