Evocando un atardecer

 

Era la hora del crepúsculo, el sol se resistía a dejar su trono de oro, pero las sombras de la noche que se avecinaba, irremisiblemente le robaban esplendor.

Mientras en lontananza, las nubes arreboladas parecían sumergirse en el mar, tal vez pretendían robar esplendor a las olas, o simplemente permanecer estáticas recordando posiblemente, una pasional historia de amor que alguien se atrevió a vivir ese día.

¡Que maravilloso es el mar¡

 

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