¡Que viene el aburrimiento!

Se movían inquietos entre situaciones tan terrenales como toser y roncar, con pesadas mantas se cubrían para en apenas instantes, tirarlas a un lado. en ninguno de los dos existía ni una mirada que evocara pasión, ella con disimulo entreabría los párpados y como quien no quiere, clavaba en él una mirada enturbiada por la fuerza de cerrar los ojos simulando que dormía.  Parecía que sin darse cuenta jugaban en sus mentes a ver cuál de los dos se dormía primero, como esos juegos de niños que son a veces tontos. Al fin entre ayes y suspiros sucumbieron a un letargo tan pesado que en cualquier momento les haría caer en una vigilia de la que sus cuerpos al día siguiente, darían cuenta tertuliando ante dos tazas de café.

 

Evocando un atardecer

 

Era la hora del crepúsculo, el sol se resistía a dejar su trono de oro, pero las sombras de la noche que se avecinaba, irremisiblemente le robaban esplendor.

Mientras en lontananza, las nubes arreboladas parecían sumergirse en el mar, tal vez pretendían robar esplendor a las olas, o simplemente permanecer estáticas recordando posiblemente, una pasional historia de amor que alguien se atrevió a vivir ese día.

¡Que maravilloso es el mar¡

 

¿Metas?

 

Varada en el medio del camino, me detuve un instante y mi mente atrapó la palabra «meta», pensé ¿que es una meta? al parecer había olvidado que una meta es un objetivo que se fragua y dependiendo del tesón que se ponga, podría o no realizarse.

Tonta y más que tonta porque me equivocaba al pensar así, no había aprendido que muchas veces no vale el esfuerzo o tarea que nos imponemos de llevar a cabo una meta, no siempre es compensado con el éxito.

Las hay grandes, ambiciosas, difíciles, existiendo además esos pequeños anhelos que a veces nos atrevemos a edificar y se estrellan ante la impotencia, sobre todo, cuando no reside en nosotros mismos tomar determinaciones para echar a andar ciertos proyectos.

A los poetas quedará siempre París y quedan además millones de estrellas y  la luna, más oneroso resultará para aquellos huérfanos de ilusión, a los que la rutina les parece tan confortable, que abandonarla sería insoportable.

Hablando de astros, hasta la luz del sol que es de gratis, a veces se vuelve imposible. Aún así habrá que volar e inventarse mundos especiales, la clave es soñar hasta con los ojos abiertos, abrir las alas , aún a expensas de caer cual Ícaro, con las alas rotas, estrellados después de haber soñado nadie podrá quitarnos lo vivido, mejor dicho, “lo soñado”.

Sueños

Los sueños son unas diminutas figuras que crea la fantasía, ellos habitan en nuestro más íntimo yo y nos impulsan aún cuando el agobio sea tan grande, que deseemos parar en un instante y descansar para siempre.

Durante más de la mitad de mi vida, fui alimentada por un arsenal de sueños, eran  seres invisibles que poblaban mis impulsos y mis suspiros eran alientos que ellos  exhalaban a través de mis venas.

A la par que comprendía que vivía en un mundo irreal, cerraba los ojos y me resistía, creaba historias mágicas en las que protagonizaba quiméricas hazañas, siendo dueña absoluta del amor y la libertad.

Volaba con unas alas prestadas por la fantasía,  admitía en estrecho conciliábulo conmigo misma, que ni tenía alas ni era dueña de nada, que los mundos irreales que poblaban mi mente, caerían en cualquier momento, arrasados por la cordura.

Nunca deberíamos cerrar la voluntad a soñar, mediante ellos, podemos convertirnos en arquitectos de un mundo que aunque irreal, es absolutamente nuestro.